Cualquier parecido con la realidad, es
pura mala leche.
(El autor)
Cuando
terminó aquella reunión con el primer
ministro de Andorra, el presidente del Gobierno respiró aliviado. Ya podía
dejar de hablar de nieve, paisajes, tabaco, más nieve, más paisajes y whisky
de contrabando para poder dedicarse a lo
que contenía aquella sucinta nota que le había pasado el ujier en una bandeja
de plata. Y si, había vuelto a ocurrir. Igual que el embajador de Noruega, el
presidente de la Generalitat, el Nuncio de Su Santidad y todos los que iban por
Moncloa, el salao de Andorra también
había hecho la misma coña al ver la escenita: “Déjalo, hombre, que ya pago yo
los cafés”. A veces pensaba que los
visitantes de Moncloa tenían un grupo secreto en Facebook: “Yo también le dije
al presidente que el café lo pagaba el menda”.
Sin
embargo, esta nota tenía un texto algo más preocupante que el habitual –“Dice
su esposa, textualmente, qué si come usted en casa o van almorzando ellos
mientras Su Señoría sigue un rato
creyendo que soluciona algo”-, un tono más grave. Un texto que le había hecho
evadirse de la reunión con el andorrano y dejar de escucharle. A decir verdad,
tampoco le estaba prestando mucha atención antes, pero por lo menos se entretenía
mirando su corbata amarilla y poniendo cara de que le interesaban la nieve, los
paisajes, las bolsas negras y las rutas para senderistas construidas, ¡oh
sorpresa!, en medio de hermosos paisajes y rodeadas de nieve.
Abandonó
la sala de visitas mientras se escuchaban de fondo voces de ultratumba
recomendándole ver en persona hermosos –y nevados- amaneceres en un reino de cuentas corrientes y billetes de 500. Y cuando
abrió la puerta en la que ponía “Sala de reuniones supersecretas. Se prohíbe la
entrada a los socios de coalición parlamentaria, Izquierda Unida, tíos con coleta y camisa de Alcampo, tertulianos
de La Sexta y minorías
nacionalistas”, sus peores presagios se cumplieron.
“Señor
presidente”, le dijo el general de Estado mayor. “Tenemos un problema serio. Es
donde temíamos, señor. Es en Ceuta. Estamos esperando su autorización para
desplegar tropas y tropos y elevar el nivel de alerta a Def con Dos. Y no,
presidente, no estoy haciendo la coña de Def con Dos centrales y contraataque
con dos mediapuntas. Esto es como lo de las películas de las tardes de los
sábados que tanto le gustan, pero en serio”.
El
presidente atendió las explicaciones del general. Pero esta vez puso atención:
no se entretuvo –trabajo le costó- en poner cara de que le interesaba algo
mientras contaba cuantas medallas tenía su interlocutor en el pecho mientras el
otro le hablaba de leche de pantera. No.
“Verá,
señor presidente. Tenemos monitorizados todos los puntos de interés. Como verá,
la situación es complicada. Hemos
desplegado a nuestras tropas en Benzú y
el Tarajal. Tenemos gente en Perejil, pero para no herir susceptibilidades
les hemos dado a cada uno un cubo con
una Lander Bräu, un cuchillo y cuatro
kilos de lapas compradas a un marroquí que iba vendiéndola por las casas con
centollitas a tres euros. El camuflaje es perfecto, señor: llevan una camiseta de propaganda, con el
correspondiente boquete sobaquero, unas chanclas marca Adidas y unos pantalones
piratas a la altura de la pantorrilla. Les hemos dicho que pongan cara de
despistados. Llevan una gorra de Balearia, pero en la visera les hemos puesto una cámara oculta que hemos
pillado, siguiendo los planes de contención en el gasto dictados por su
Gobierno, en un chino ubicado en pleno centro de la ciudad. Déjeme, a título de
anécdota, contarle que tras la compra el marroquí de las centollas ha empezado
a dar saltos de alegría cantando canciones como el Novio di la Muerte y Viva la
Espania”.
Tras
una pausa de diez segundos para procesar toda la información, el presidente preguntó
que donde estaba el problema. El general le señaló una pantalla
“Ha
sido a las cinco de la tarde, en pleno preparativo de la noche de San Juan. Se
ha visto un relámpago caer del cielo, un fuerte estruendo, y entonces ha
ocurrido. Usted tiene las imágenes de unos minutos después. La televisión
municipal ha llegado lo antes posible, pero uno de Festejos lo grabó en el
móvil y lo colgó antes en el Youtube, como puede ver”.
Efectivamente,
el secreto de Estado se había ido a hacer puñetas. “Carajazo marciano en Ceuta”
era, con mucho, el video más visto. Había desbancado al niño chino aquel de
tres años que tocaba “Canción para Elisa” con los dedos de los pies y un babero
de Bob Esponja o al pecho al aire de la presentadora de un reality show en
Armenia. Incluso a lo más visto en España: la versión de “Como el agua” que un ciego había
conseguido tocar con la armónica en el metro de Madrid mientras se veía pasar a
dos rumanos por detrás para robarle el plato y, acto seguido, a dos Ultra Sur
detrás de los rumanos al grito de “Una, grande y libre”.
A
los dos minutos de aquello, el presidente telefoneó a Ceuta. Quiso saber, a
través de un hombre de confianza, cómo
estaba la gente ante el hecho de que un ser de otro planeta apareciera en pleno
centro de la ciudad en fecha tan señalada. “Tranquilo, señor –le dijo su
interlocutor-. Ya le hemos hecho firmar en el libro de oro, pero como tiene
ancas en vez de piernas no ha podido subir hasta el Ayuntamiento, porque esta
mañana los de la empresa de limpieza se pasaron con el agua y, claro, el hombre
ha resbalado y se ha caído de cabeza a la altura del Caballa. Luego ha vuelto a
salir a la arena, rodeado de medusas y murmurando algo así como
“mckekjkljlktrexxxt” que, según un friki que se sabe de memoria todos los
capítulos de Cuarto Milenio significa “Los muertos de Paneque” en marciano”.
“¿Y
entonces? –preguntó el presidente- ¿Qué ha pasado?”
“Nada,
señor. Nos hemos acercado allí con toda la corporación y el libro de oro. Luego
le han preparado un baile de las cuatro culturas, el coro de la Tercera Edad ha
hecho una excepción y, pese a ser verano, han obsequiado al ilustre visitante
con una exhibición de los mejores villancicos de Ceuta y el de las vitaminas le ha intentado colocar
por diez euros una camiseta del Barça en la que ponía Hiniesta y por seis un
reloj para el niño con la cara de Hello Kitty”.
“Por
favor, no hagan nada hasta que no se lo ordenemos. Tengan en cuenta que es la
primera visita de un ser de otro planeta a la Tierra, que ha ocurrido a plena
luz del día delante de todo el mundo y que no sabemos que intenciones puede
tener. Sobre todo, por favor, no le
molesten. Que nos estamos jugando mucho, oiga”.
“Tranquilo,
presidente. Ahora mismo tenemos un fotógrafo diciéndole al marciano que se
“arrejunte” con todo el mundo para inmortalizar el momento. Una señora le acaba
de obsequiar resignadamente con una fuente de pollo empanado, que al parecer
era para la merienda del Cristian, con un cuarto de chicharones y una taza de
café”.
,“La
actitud del elemento ¿es agresiva?”, preguntó el presidente.
“Hombre,
agresiva no se, pero yo diría que no está muy a gusto. Están los de la
oposición dando una rueda de prensa: unos nos dicen que no aseguremos que es un
marciano, que igual es marciana y la diversidad y pluralismo marciano merecen
respeto y los otros pidiendo una comisión de investigación, amenazando con
llevar el asunto a los tribunales y proponiendo un Plan de Empleo especial para
marcianos mientras los del Gobierno local no dejan de rodearlo, hacerse fotos y
acariciarle la espalda. Hay un montón de gente diciendo que lo conoce de toda
la vida a el y al padre, no le gustan los volaores y acaba de decir
“meikejlkjdclkj22xxx2zz”. Según nos ha dicho nuestro friki de confianza
significa me importa un carajo que esto
fuera portugués y que la playa tenga bandera azul. Yo lo que quiero es que me
arregléis la caja de cambio y largarme de aquí, hombre ya”.
“Dígale
al friki que se ponga”·, ordenó el mandatario.
“No
puedo, se ha ido. Al parecer echaban en un canal raro la pelea entre Goku y
Vegeta desde el ángulo inverso y, no me haga mucho caso, pero creo que estaba
hasta palote”.
El
inquilino de La Moncloa sacó un cigarro, lo encendió mientras le decía con la
mirada al general que la prohibición de fumar en lugares públicos el se la
pasaba por salva fuera la parte, contó hasta tres y luego dio la orden que
había eludido pronunciar:
“Bueno,
pues entonces páseme con el marciano”
“Pero…
¿presidente?”
“Si,
si, usted lo ha dicho. Presidente. El que preside. El que manda. El puto amo,
vamos. Qué me lo pase ya de una vez”
A
los dos segundos, el marciano ya estaba al teléfono. El presidente espetó:
-“mekjekkjlkfñjklvmelxxxcie”
A
lo que el marciano respondió
-“esegvjlkejkkvkeeñ´kkkkkl
xxx”
Acto
seguido, el mandatario colgó el teléfono, dio las buenas noches y se fue, sin
percatarse de que el general de Estado Mayor se había caído de espaldas por la
impresión y que su chaqueta estaba ardiendo al caer justo sobre la colilla, aún
humeante, del puro presidencial. El dirigente se secó el sudor frío con
un pañuelo de papel, y cuando no hubo nadie, desenroscó su bolígrafo y halló un
pequeño micrófono. Se puso a desgravar la conversación y a traducirla por
escrito para la posteridad.
“El
presidente -apuntó sobre una servilleta-
dijo “Cabrones, os habéis equivocado de lugar para mi rescate. No era en Ceuta,
hostia, era 800 kilómetros al Norte, en Madrid. No me diréis que la labor de
infiltración no ha sido buena: he llegado directamente a ser presidente de un
país, aunque la gente diga que no me entero de media. Venid ya, joder, y
dejaros de cachondeos.
El
marciano: “Si, hombre, para que luego me pegues el cambiazo y me quede yo con
esta tribu. Y si estás tan agobiado, es culpa tuya. Mira que prometer que ibas
a acabar con el paro y la corrupción, conociendo a esta gente. Desde luego, nunca
debiste salir de Marte”…